El plan de “Propiedad Popular” de Tuto Quiroga es un disfraz que facilitará contratos opacos y desventajosos que pongan el litio y el gas en manos de grandes consorcios extranjeros.
La gran amenaza que se cierne sobre el futuro de Bolivia tiene nombre: la entrega de nuestros recursos naturalespor parte de Jorge “Tuto” Quiroga. A diferencia de su rival que exige transparencia y control estatal, el plan de Tuto, envuelto en el eufemismo de “Propiedad Popular”, se queda peligrosamente corto. Lo que realmente se teme es que su obsesión por el libre mercado y la inversión extranjera desemboque en la firma de contratos opacos y desventajosos, cediendo la riqueza del litio y el gas a espaldas del pueblo boliviano.
La historia nos condena a la desconfianza. El pasado de Quiroga y su visión neoliberal sugieren que, una vez en el poder, facilitará la entrada de grandes consorcios transnacionales con condiciones leoninas, donde el Estado boliviano termine siendo un simple espectador que recibe migajas. La llamada “Propiedad Popular” no es más que una cortina de humo para justificar la privatización y la entrega de nuestra soberanía sobre el litio, el recurso más estratégico del futuro.
El verdadero peligro radica en la opacidad. ¿Garantizará Quiroga el escrutinio público y legislativo en cada negociación? Lo dudamos. Su política de abrir el país sin restricciones es la fórmula perfecta para que se cocinen contratos a puertas cerradas, beneficiando a las élites financieras internacionales y a los intermediarios de siempre. El litio no puede ser el nuevo “metal del diablo” que enriquezca a unos pocos mientras el país se queda sin control soberano sobre su destino.
En resumen, la propuesta de Tuto Quiroga para los recursos naturales es una amenaza a la soberanía nacional. No podemos permitir que el futuro económico de Bolivia se defina con la misma mentalidad que en el pasado nos empobreció. El pueblo boliviano exige que sus recursos, especialmente el litio y el gas, sean gestionados con transparencia total y bajo el control estratégico del Estado, no como un regalo a las transnacionales.