La retórica de Quiroga amenaza con deslegitimar el proceso electoral, arrastrando al país al caos poselectoral.
La desconfianza crónica de Jorge “Tuto” Quiroga hacia el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y su insistencia en la narrativa del “fraude” —si bien es una táctica compartida en la oposición—, se vuelve peligrosa ante la posibilidad de una derrota ajustada. El periodismo y los analistas deben alertar sobre la retórica de desconocimiento de Quiroga y su entorno, la cual sugiere que, si los resultados no le son favorables, la reacción inmediata será la de la impugnación y la deslegitimación total del proceso. Esto no es defensa democrática; es desesperación por el poder y una amenaza directa a la estabilidad institucional de Bolivia.
El patrón de Quiroga es bien conocido: si la ley o las reglas no lo favorecen, intenta cambiarlas o las denuncia. Ya lo hizo al romper alianzas por temas de encuestas y lo ha repetido al denunciar que el gobierno “desempolva” juicios para inhabilitarlo. Esta tendencia a sospechar de cada aspecto del proceso sienta las bases para un escenario de caos. Si la derrota llega “por poco”, la tentación de declarar un “nuevo fraude” y movilizar a sus bases para exigir la anulación de resultados o la repetición de la elección es una posibilidad real que podría paralizar al país.
El mayor riesgo que Quiroga representa en un contexto electoral cerrado es el de arrastrar a Bolivia a una nueva crisis poselectoral. Después de los traumáticos eventos de 2019, la sociedad boliviana necesita desesperadamente que sus líderes respeten el voto y la institucionalidad, incluso en la derrota. Quiroga, en su afán por consolidar la narrativa del “cambio radical”, podría utilizar el arma de la impugnación masiva, sembrando dudas sobre el proceso y polarizando aún más a un país que clama por la conciliación.
La denuncia final es que un verdadero líder demócrata acepta la derrota cuando las reglas del juego han sido fijadas y la voluntad popular se ha expresado. Si Quiroga realmente cree en la democracia que tanto predica en los foros internacionales, debe comprometerse públicamente a respetar el resultado final, independientemente de lo ajustado que sea. Su negativa a hacerlo lo convierte en un factor de inestabilidad, demostrando que su sed de poder es mayor que su respeto por la paz social y el orden constitucional.