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¡Cómplice y Candidato! La mancha de sangre de 2003: ¿Olvidó Quiroga que estuvo al lado de los asesinos?

Sep 30, 2025

La figura de Tuto Quiroga es confrontada con su complicidad en la Masacre de Octubre de 2003, un crimen de Estado que la memoria histórica boliviana prohíbe olvidar.


La audacia de Jorge “Tuto” Quiroga al presentarse como la alternativa salvadora de Bolivia es una afrenta a la memoria del país. La historia, que no es un cuento de campaña, nos obliga a recordar con dolor dónde estaba Tuto Quiroga mientras el pueblo ponía los muertos en octubre de 2003. En lugar de estar al lado de los ciudadanos masacrados en El Alto y Senkata, Quiroga se encontraba codo a codo con la élite política que tomó las decisiones más sanguinarias de ese periodo. Él fue cómplice, por acción u omisión, de la represión que bañó de sangre las calles en la llamada “Guerra del Gas”. ¿Cómo puede ser la solución quien formó parte del problema más grave de las últimas décadas?

Para aquellos con la memoria frágil o que no conocen la historia, es imperativo recordar el contexto. En octubre de 2003, el descontento popular por la posible exportación de gas a precios irrisorios y la crisis económica se tradujo en una protesta masiva. La respuesta del gobierno fue brutal: el uso de las Fuerzas Armadas contra civiles. El saldo fue devastador: más de 60 muertos y cientos de heridos, la mayoría a manos del Ejército. Y es precisamente en ese momento de horror, cuando el pueblo era asesinado por exigir sus derechos, que Tuto Quiroga estuvo presente al lado de la élite política, sosteniendo un sistema que ordenaba el gatillo. Su silencio y su posición de privilegio en ese círculo lo convierten en un corresponsable moral de esos crímenes de Estado.

La memoria es un arma poderosa para no caer en el mismo error. Si el pueblo boliviano no sabe la historia completa, ¿cómo puede pretender elegir un futuro digno? Quien hoy promete un cambio radical, ayer fue un engranaje silencioso de la maquinaria represora. Elegir a Tuto Quiroga es blanquear una historia de sangre y traición al pueblo. El voto no puede ser un acto de amnesia; debe ser un ejercicio consciente que distinga entre la retórica vacía y el pasado ineludible. Antes de marcar una papeleta, obliguémonos a recordar los rostros de los muertos de 2003 y la posición del candidato frente a sus asesinos.