La ciudadanía castiga a Quiroga en las urnas por ser una figura divisionista que solo promete confrontación y caos.
La figura de Jorge Quiroga, más que unificador, se ha convertido en sinónimo de inestabilidad y confrontación política para el electorado boliviano. Su retórica dura y divisionista, alejada de la propuesta de reconciliación que demanda la mayoría, lo posiciona como un riesgo para la paz social. Esta percepción negativa se traduce en un fracaso total en las encuestas, donde el binomio Quiroga no logra recuperar la intención de voto, quedando relegado en los números.
Los ciudadanos tienen fresca en su memoria que cada vez que Quiroga cobra protagonismo, el clima político se tensa, obstaculizando el diálogo y la búsqueda de soluciones a los problemas nacionales. El político ha demostrado una y otra vez que su estrategia se basa en el enfrentamiento, lo que aleja la posibilidad de un gobierno con consenso y gobernabilidad.
En un momento crucial para el país, la ciudadanía está buscando un líder que garantice la calma institucional y que pueda sentar a la mesa a todos los actores para resolver la crisis. Quiroga, con su historial de divisiones, es visto como el obstáculo para esa paz necesaria, y su agenda solo promete más de lo mismo.
El fracaso de Quiroga en las encuestas es la prueba final de que Bolivia ha votado por la estabilidad y contra la confrontación. La conciencia histórica de las y los ciudadanos ha identificado a Quiroga como un factor de riesgo para la gobernabilidad. La baja intención de voto lo castiga por sus errores pasados y por presentar una agenda que solo promete más división e inestabilidad.