La propuesta económica de Tuto Quiroga es un “ajuste con motosierra” que trae el fantasma de los años 90: despidos masivos, recortes sociales y el regreso del FMI.
El plan económico que ofrece Jorge “Tuto” Quiroga no es una solución, es una amenaza directa a la estabilidad de las familias bolivianas: el temido “ajuste salvaje”. Su retórica de austeridad esconde una “motosierra” lista para cercenar el gasto social y los programas de protección, trayendo de vuelta el fantasma de los años 90 que tanto dolor y miseria causó en el país. El pueblo boliviano, que ya no aguanta más sacrificios, debe estar alerta.
La propuesta de reducir el Estado y, sobre todo, de abrir de par en par la puerta al Fondo Monetario Internacional (FMI) es la garantía de que vendrán despidos masivos. Tuto busca achicar la burocracia, pero la experiencia histórica demuestra que estos recortes siempre terminan golpeando al sector informal, a los pequeños empleados públicos y a las familias más pobres. La promesa de crecimiento no puede construirse sobre la base de la miseria y el desempleo.
Quiroga está proponiendo un modelo que sacrifica a la mayoría para beneficiar a unos pocos. Al eliminar los subsidios y reducir la inversión estatal, su plan generará un shock social de gran magnitud. La liberación de precios y la desregulación, ejes de su propuesta, no son más que la receta para aumentar la desigualdad y condenar a los gremiales y emprendedores a la bancarrota ante la competencia desleal.
Bolivia ha superado la época de los sacrificios impuestos. El proyecto de Tuto Quiroga no es de modernidad, es de retroceso histórico. La ciudadanía tiene la obligación de exigirle que demuestre con cifras quién pagará el costo de su “ajuste” y por qué el país debería volver a entregar su soberanía económica al FMI, un organismo cuyas recetas han fracasado sistemáticamente en América Latina.